Los adultos (especialmente las mujeres) cuando notamos que hemos aumentado de talla o peso y requerimos iniciar una dieta o un régimen de alimentación, por lo general lo externamos y aveces no nos percatamos que nuestros hijos están presentes cuando decimos expresiones como: “Estoy gorda” “Me veo mal” “He subido de peso”, “Tengo que hacer dieta” “No debo comer pan o tortilla”, etc.

O incluso comenzamos a preocuparnos (más allá de ocuparnos) por lo que come nuestra familia, y externamos comentarios negativos hacia la comida sin pecatarnos que los niños perciben los mensajes de forma distinta a nosotros.

Recuerda que la forma en que nos relacionamos con la comida influye en gran medida en la percepción que los niños tienen sobre este tema y sobre ellos mismos, ya que los padres somos el referente inmediato de los hijos sobre casi cualquier tema, sobretodo en los primeros años de su vida.

Cuando hables sobre tu cuerpo, ten siempre presente que serán las expresiones que tu hijo(a) tenga sobre el suyo, ya que tienden a imitarnos y será la idea que se formen sobre ellos mismos. En lugar de decir “estoy flácida” podrías decir “creo que es momento de comenzar a hacer ejercicio”.

Cuando hables sobre alguna “dieta” que quieras iniciar, procura  compartirlo con tu famlia invitándolos a cocinar juntos con otros ingredientes más saludables y ricos que los hará a todos más fuertes y sanos.

Finalmente recuerda que entre más veces repitas una oración, más rápido la creerás. Si repites la oración “Estoy flácida”, eso es lo que tu cerebro registrará sobre tí mismo(a). Si repites “Es tiempo de hacer ejercicio” lo mismo ocurrirá en tu cerebro.Con los niños pequeños, esto ocurre aún más rápido. Una frase tuya tiene efecto rápidamente en ellos.

 

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